La mayoría de los zapatos convencionales se fabrican pensando primero en el estilo y luego en la comodidad. ¿El resultado? Punteras estrechas que aprietan y restringen.
Suelas pesadas que añaden tensión a cada paso. Entresuelas rígidas que obligan a tus pies y rodillas a compensar constantemente.
Para los enfermeros y cualquier persona que pase muchas horas de pie, es más que una simple incomodidad. Después de horas de estar de pie, caminar y correr durante los turnos, la tensión se acumula, lo que provoca dolor de pies, piernas cansadas y una presión constante que no desaparece cuando termina el día.